Poemas
El árbol de mi vida
Mundo
Atardecer
Instante
El árbol de mi vida

Allí está,
henchido de preñez,
glorificando el rincón
más pobre de mi patio.
Sus rejuvenecidas ramas
asesinan a su paso
el desconocido verdor de otras semillas.
Estallan sus pimpollos amarillos
coloreando con soberbia
el paso de mis días.
Allí está,
golpeando mi existencia
con su caprichosa e inevitable
explosión de vida.
henchido de preñez,
glorificando el rincón
más pobre de mi patio.
Sus rejuvenecidas ramas
asesinan a su paso
el desconocido verdor de otras semillas.
Estallan sus pimpollos amarillos
coloreando con soberbia
el paso de mis días.
Allí está,
golpeando mi existencia
con su caprichosa e inevitable
explosión de vida.
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Mundo

Desaparecerán de este mundo
mi sueño de las mañanas
el enojo repentino y
mis terribles silencios.
No habrá nadie que recuerde
el origen de mis cosas
el lugar de un cenicero
o la canción de Serrat
Revolverán mis papeles,
no regarán ya mis plantas.
Prenderán todas las velas
y no abrirán las ventanas.
Dormirán en los rincones
mis llantos adolescentes,
la noche de mis desvelos
y las palabras calladas.
Nadie volverá a mi banco
ni vaciará mis carteras
y no sabrán ya la hora
de mi primer cigarrillo.
Sólo llevaré conmigo
lo que nunca olvidarán,
estos gritos de agonía
de mi corazón deshecho.

Desaparecerán de este mundo
mi sueño de las mañanas
el enojo repentino y
mis terribles silencios.
No habrá nadie que recuerde
el origen de mis cosas
el lugar de un cenicero
o la canción de Serrat
Revolverán mis papeles,
no regarán ya mis plantas.
Prenderán todas las velas
y no abrirán las ventanas.
Dormirán en los rincones
mis llantos adolescentes,
la noche de mis desvelos
y las palabras calladas.
Nadie volverá a mi banco
ni vaciará mis carteras
y no sabrán ya la hora
de mi primer cigarrillo.
Sólo llevaré conmigo
lo que nunca olvidarán,
estos gritos de agonía
de mi corazón deshecho.
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Atardecer
Desde este viejo escalón,
y en tu compañía,
el atardecer me atrapa
y me obliga a su presencia.
Un embravecido viento
sacude los árboles
impulsando reverencias
que certifican su majestuosidad.
Las nubes se anuncian
con desmedida altanería,
e invaden, repentinas,
el triste y renovado ocaso.
Encienden los faroles
su amarillenta luz,
y recrean, tímidamente,
un descolorido crepúsculo.
Desde este viejo escalón,
y en tu compañía,
desmenuzo, pacientemente,
este desolador paisaje.
y en tu compañía,
el atardecer me atrapa
y me obliga a su presencia.
Un embravecido viento
sacude los árboles
impulsando reverencias
que certifican su majestuosidad.
Las nubes se anuncian
con desmedida altanería,
e invaden, repentinas,
el triste y renovado ocaso.
Encienden los faroles
su amarillenta luz,
y recrean, tímidamente,
un descolorido crepúsculo.
Desde este viejo escalón,
y en tu compañía,
desmenuzo, pacientemente,
este desolador paisaje.

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Instante

Siesta de sábado,
sol, música
y estas palabras
que demoran su salida.
Mi insaciable soledad,
un chal sobre los hombros
y aquellos recuerdos
que se agolpan presurosos.
Mis deshojados cuadernos,
la mirada perdida,
y una desmedida tolerancia
que me permite existir.
Mi saqueado corazón,
el placer de un cigarrillo,
y esa calidez
que adivino en tus manos.
Y este instante,
irrepetible y eterno
en el que puedo acallar
la desesperación de mi alma.

Siesta de sábado,
sol, música
y estas palabras
que demoran su salida.
Mi insaciable soledad,
un chal sobre los hombros
y aquellos recuerdos
que se agolpan presurosos.
Mis deshojados cuadernos,
la mirada perdida,
y una desmedida tolerancia
que me permite existir.
Mi saqueado corazón,
el placer de un cigarrillo,
y esa calidez
que adivino en tus manos.
Y este instante,
irrepetible y eterno
en el que puedo acallar
la desesperación de mi alma.
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